El rajado del fruto es un desequilibrio fisiológico, no una enfermedad, y aparece cuando el calcio disponible para el fruto es insuficiente en el momento en que este acumula agua más rápido de lo que su piel puede expandirse, algo que ocurre sobre todo tras un riego o una lluvia que sigue a un periodo de estrés hídrico. El calcio foliar no sustituye el manejo del riego, pero corrige la causa nutricional del problema y, aplicado antes del riesgo y no después, es la herramienta más eficaz para reducir su incidencia.
Por qué se produce el rajado: calcio y estrés hídrico combinados
El calcio es un componente estructural de la pared celular y actúa reforzando la cohesión entre células de la piel del fruto; cuando su concentración es baja, esa pared es más débil y menos capaz de absorber el aumento brusco de presión interna que provoca la entrada rápida de agua. Ese aumento de presión ocurre de forma característica cuando la planta ha pasado varios días con déficit hídrico y de pronto recibe un riego abundante o una lluvia intensa: el fruto absorbe agua más rápido que su piel puede estirarse, y si el calcio disponible no es suficiente para sostener la estructura celular, la piel cede y se raja. Por eso el rajado no depende de un único factor sino de la combinación de ambos, calcio insuficiente y variación brusca de disponibilidad hídrica, y corregir solo uno de los dos deja el cultivo expuesto al problema.
Cuándo aplicar, antes del riesgo y no después
El calcio es un elemento de baja movilidad dentro de la planta, se transporta por el xilema siguiendo el flujo de transpiración y apenas se redistribuye una vez fijado en un tejido, lo que significa que una aplicación hecha cuando el fruto ya muestra la grieta llega tarde para ese fruto. La corrección debe anticiparse a las fases del cultivo en las que el riesgo de variación hídrica brusca es mayor, típicamente el cambio de un periodo seco a uno de riegos o lluvias más frecuentes, y mantenerse con aplicaciones repetidas durante la fase de engorde del fruto, que es cuando la demanda de calcio para la formación de la pared celular es más alta.
Dosis y forma de aplicación
Force Calcio, un óxido de calcio complejado con una riqueza del 36% de CaO (31% soluble en agua más 5% complejado), se aplica por vía foliar a una dosis de 150 a 300 gramos por hectolitro, en 2 o 3 aplicaciones repartidas durante la fase de engorde del fruto y en cultivos hortícolas a partir del cuajado. La vía foliar tiene la ventaja de llevar el calcio directamente al fruto y a las hojas jóvenes sin depender de su movilidad por la savia, lo que la hace más eficaz que la vía radicular cuando el objetivo es proteger específicamente el fruto en formación. Para un aporte de fondo complementario, la misma correctora se puede aplicar por vía radicular a razón de 5 a 25 kg por hectárea, en cultivos hortícolas, cítricos, frutales y subtropicales.
Qué comprobar después de la aplicación
La señal de que la corrección está funcionando es que los frutos que se forman después de iniciado el tratamiento no desarrollen nuevas grietas, incluso en los ciclos de riego irregular que antes las provocaban; los frutos que ya estaban rajados antes de aplicar el calcio no se recuperan, porque el daño en la piel es irreversible. Conviene revisar también el manejo del riego en paralelo, evitando los cambios bruscos de dotación tras un periodo de sequía, porque incluso con un aporte de calcio adecuado, una variación hídrica extrema puede superar la capacidad de la pared celular para adaptarse.
Salinidad del agua de riego y rajado
Una agravante frecuente del rajado, especialmente en zonas con agua de riego de salinidad elevada, es que las sales dificultan la absorción de calcio por la raíz incluso cuando el elemento está presente en el suelo en cantidad suficiente. En estas condiciones, la corrección foliar cobra más peso relativo que la radicular, porque evita depender de una absorción por raíz que el propio exceso de sales está limitando, y explica por qué dos parcelas con el mismo aporte de calcio al suelo pueden tener una incidencia de rajado muy distinta si una de ellas riega con agua de peor calidad que la otra.
Errores frecuentes
El más habitual es esperar a ver el fruto rajado para empezar a aplicar calcio, cuando la corrección debe anticiparse a la fase de mayor riesgo y no reaccionar a un síntoma que ya es irreversible en ese fruto. El segundo es aplicar solo por vía radicular esperando que el calcio llegue al fruto con la misma rapidez que por vía foliar, sin tener en cuenta la baja movilidad del elemento dentro de la planta. El tercero es tratar el rajado como un problema aislado de calcio sin revisar el patrón de riego, cuando en la mayoría de los casos el desencadenante inmediato es precisamente el cambio brusco de disponibilidad de agua.
Este procedimiento es la referencia común para la corrección de calcio en cereza, fruta de hueso y tomate, cultivos en los que el rajado del fruto es una incidencia recurrente. Puedes revisar la ficha de Force Calcio para ajustar la dosis a tu programa de tratamientos, o consultar el plan de abonado por cultivo para integrar la aplicación de calcio en el calendario de fertilización de tu explotación.

