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Harinas de basalto: revitalizador natural de los suelos agrícolas

El basalto es una roca ígnea de origen volcánico. Por su composición, se le considera una roca máfica; es decir, rica en magnesio y hierro. También contiene una cantidad considerable de calcio, algo más del diez por ciento. Sin embargo, comparado con otras rocas ígneas, su contenido en sílice es notoriamente menor, por debajo del cincuenta por ciento.

De un tiempo a esta parte, se viene insistiendo en los beneficios del basalto para la agricultura. Proliferan los textos en que se resaltan sus cualidades. A estas alturas, resulta incuestionable su capacidad como regenerador de suelos, dado que interviene eficazmente en la formación del complejo arcillo-húmico. Aportes de basalto mejoran la retención de agua en los suelos arenosos. Asimismo, en suelos con tendencia a la compactación, la aplicación de harinas de basalto aumenta la porosidad y favorece su calentamiento.

Al basalto también se le reconoce su efecto para modular el intercambio catiónico, de modo que propicia que los cultivos dispongan de nutrientes, al dificultar su lixiviación.

Por otro lado, el empleo de harinas de basalto, a diferencia de los fertilizantes de síntesis, no evidencia un riesgo de eutrofización, de consecuencias nocivas para el agrosistema.

Las harinas de basalto, al mejorar la estructura de los suelos, estimulan la actividad de los microorganismos aerobios, tan beneficiosos para la viabilidad de las parcelas agrícolas. Las lombrices, además, digieren con suma facilidad este tipo de harinas, circunstancia que hace del basalto una interesante fuente de humus.

Tampoco resulta desdeñable su aporte directo de microelementos. Ya se ha comentado su riqueza en magnesio, elemento esencial para la formación de la clorofila. O la de hierro, cuya carencia tan frecuentemente se manifiesta en forma de clorosis; sobre todo, en frutales y hortalizas. También contiene el basalto calcio, elemento imprescindible en las paredes y membranas celulares de las plantas, y cuya función como segundo mensajero cada vez cobra más relevancia. Y, pese a ser el basalto una roca ígnea relativamente pobre en sílice, no deja de ser un proveedor solvente de silicio, elemento presente en los tejidos vegetales, dotándolos de firmeza y contribuyendo a disuadir los ataques de patógenos y plagas.

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