Asesoramiento gratuito en el cultivo del pistacho

Un breve resumen sobre el cultivo del pistacho:

ASESORAMIENTO GRATUITO EN EL CULTIVO DEL PISTACHO

Descripción botánica y fenología

El género Pistacia pertenece al orden Sapindales y a la familia Anacardiaceae.

Se trata de una especie caducifolia, dioica, muy longeva, de gran dominancia apical, con un desarrollo lento y que tiende a presentar una copa abierta con abundante ramificación.

Aunque los árboles del género Pistacia presentan raíz pivotante, se suele pinzar en el vivero para convertirla en fasciculada y así optimizar su nutrición.

Tras el reposo invernal, las yemas se hinchan paulatinamente, las brácteas se separan y principia el desborre. Las yemas de flor brotan antes que las de madera.

La floración se inicia a finales de marzo o a primeros de abril en los cultivares tempranos y a mediados de abril en los tardíos.

Las flores aparecen agrupadas en inflorescencias en forma de racimo en las axilas de las ramas laterales de un año. Las flores femeninas son de mayor tamaño que las masculinas, pero su aspecto es muy similar. Como se ha indicado, el pistachero es dioico, de modo que las flores femeninas y las masculinas se encuentran en árboles diferentes. La proporción aconsejada entre árboles hembras y machos en plantaciones es 8:1.

La polinización es anemófila (por medio del viento). Llegando a ser perjudicial la intervención de las abejas, pues sólo son atraídas por las flores masculinas, de modo que se desperdicia el polen.

La fecundación se verifica a las 24 horas de haber alcanzado el grano de polen el estigma. Por lo general, únicamente uno de los tubos polínicos llega hasta el óvulo.

Su fruto, el pistacho, es una drupa monosperma, ovoide y alargada. La semilla, parte comestible del fruto, está rodeada, de dentro hacia fuera, por una cáscara dura (endocarpio) y un pellejo (epicarpio y mesocarpio), que durante la inmadurez es amarillo y en plena madurez rosado. Determina el valor comercial de la cosecha el porcentaje de frutos maduros abiertos (dehiscencia).

Requerimientos del cultivo

Climáticos

El cultivo del pistacho precisa inviernos fríos. Para lograr una brotación homogénea necesita acumular un mínimo de horas frío (horas por debajo de los 7 ºC) durante la parada invernal. En concreto: en los cultivares tempranos, unas 700; y en los tardíos, unas 1.000.

Asimismo, precisa veranos largos y calurosos. Para la conveniente maduración de los frutos, las plantaciones deben establecerse en zonas donde se acumulen unidades de calor (integral térmica) desde abril hasta septiembre. En concreto: en los cultivares tempranos, más de 3.000; y en los tardíos, más de 3.500.

Por otro lado, las heladas tardías (marzo, abril, mayo) se consideran uno de los mayores factores limitantes del cultivo del pistacho. De hecho, las fuertes heladas primaverales no sólo malogran la cosecha del año, sino que comprometen las de campañas venideras.

Otro factor climático que hay que tener en cuenta son las lluvias en los meses de abril y mayo, pues impide la polinización y fomentan el desarrollo de hongos fitopatógenos. También resultan perniciosas las precipitaciones en septiembre, ya que demoran la recolección y, por tanto, incrementan el riesgo de deterioro de la cosecha.

En general, se considera que para el cultivo del pistachero la humedad relativa ambiental debe mantenerse por debajo del 50% durante los meses de verano.

Edáficos

Los suelos más indicados para el cultivo del pistacho son los de textura media (francos o franco-arenosos), calizos (pH alcalino), profundos y con buen drenaje. No obstante, se trata de una especie muy rústica y con gran capacidad de adaptación a diversos suelos, siempre que no sean proclives al encharcamiento.

Patrones

Normalmente, en España, se opta por Pistacia terebinthus (popularmente, cornicabra). Y entre sus virtudes, quizá por su condición autóctona y contrastada adaptabilidad, destaca su alto rendimiento productivo respecto a otros patrones como Pistacia atlantica, Pistacia integerrima o Pistacia vera.

Si tratara de un suelo con presencia de Verticillium, cabe la posibilidad de decantarse por el híbrido UCB1.

Cultivares

A la hora de optar por un cultivar, se deben tener en cuenta varios factores como, por ejemplo, clima de la zona, características del suelo, calidad del fruto, floración, producción, periodo juvenil o sensibilidad a plagas y enfermedades.

Hasta el momento, en España sobresale Kerman, cultivar que se caracteriza por la blancura de su cáscara, el buen tamaño de su fruto y por ser de floración tardía.

De todos modos, en grandes extensiones se aconseja diversificar, de ahí que pueda resultar interesante contar con otros cultivares: Aegina, Avdat, Avidon, Batoury, Joley, Kastel, Larnaka, Mateur, Napoletana o Sirora.

Según los cultivares femeninos elegidos, se elegirán los masculinos buscando la sincronización de ambas floraciones. En el caso de Kerman, el más indicado es Peter.

Injerto

Se lleva a cabo al año o dos años de la plantación, cuando el patrón tenga una altura de unos 25 cm y un grosor de unos 12 mm.

La modalidad más empleada es la de escudo y en el campo. Se recomienda empezar a injertar a principios de julio y continuar durante todo agosto, siempre que las temperaturas lo permitan. Recordemos que a más de 30 ºC el patrón puede estresarse y dificultar el prendimiento de la yema.

Si a los veinte días del injerto la yema está seca, se volverá a injertar por debajo del injerto fallido. Los intentos se prolongarán, a lo sumo, hasta mediados de septiembre.

El patrón no se cortará hasta que el brote del injerto mida unos 30 cm. Para su protección, se aconseja el empleo de protectores ventilados que también pueden hacer las veces de tutores.

Poda

En sus primeros años, el pistachero destaca por su frondosidad. No obstante, a partir del séptimo año, aproximadamente, su vigor vegetativo se atenúa sustancialmente.

En cambio, su dominancia apical se acentúa con el tiempo y con frecuencia se observan ramas de años anteriores carentes de ramificaciones secundarias. Característica fisiológica que obliga al despunte.

El momento indicado para todo tipo de poda en esta especie es durante el reposo invernal: es decir, desde primeros de febrero hasta mediados de marzo.

La poda de formación suele comprender un periodo de 6 años contados desde el año del injerto. A pesar de que retrasa la entrada en producción, resulta imprescindible. Pero varía su ejecución según el vigor de cada árbol o de si se trata de un ejemplar masculino o femenino.

La poda de producción se realizará anualmente y será ligera buscando el equilibrio del árbol. Las yemas florales aparecen al tercer año del injerto. Sin este tipo de poda el pistachero se mostrará incapaz de generar reservas suficientes para fructificar anualmente con regularidad. Consta que una poda de producción racional amortigua la vecería.

La poda de rejuvenecimiento conviene empezar a acometerla a partir de los 40 años. Su cadencia debe ser anual. Consistirá en un severo aclareo de las ramas que dificulten la ventilación y la iluminación. El objetivo es inducir la brotación de yemas de madera que acaben generando reservas para la fructificación.

Riego

El pistachero es una especie que muestra gran resistencia a la sequía y alta tolerancia a la salinidad. Características que permiten su cultivo en condiciones de secano.

Sin embargo, en zonas con pluviometría anual por debajo de los 500 l/m2, se prescribe regarlo para incrementar la producción y mejorar la calidad visual de los frutos.

Sobre todo, conviene cubrir las necesidades hídricas durante la fase del llenado del fruto, que en España comprende desde mediados de junio hasta mediados de septiembre. También resulta aconsejable el riego en octubre, con vistas a acumular reservas después de la recolección y antes del reposo invernal.

Abonado

Aunque el género Pistacia es muy rústico, en el caso de su establecimiento en suelos de escasa fertilidad, conviene el aporte de abono. Para establecer un programa de fertilización adecuado resulta imprescindible un análisis previo del suelo.

Las cantidades de nutrientes que demanda el pistachero a lo largo del año dependen de los diferentes estados fenológicos por los que atraviesa y del estado de sus reservas. Recordemos que se trata de un árbol de intensa vecería.

Calendario de tratamientos

Plagas

Actualmente, en España, se puede considerar plaga, el coleópetro Labidostomis lusitanica (nombre común: clitra o galeruca). Sobre todo, resulta una grave amenaza para las plantaciones jóvenes dada su voracidad. En pocas horas son capaces de defoliar grandes extensiones. Para minimizar sus ataques, se aconseja controlar la flora arvense y recurrir a los tratamientos a base de aceite de Neem o piretrinas naturales a partir de mayo.

También varias especies de hemípteros (chinches) pueden causar daños directos en los frutos por picadura e indirectos al propiciar sus heridas la entrada de determinados hongos fitopatógenos. El periodo de riesgo abarca desde la floración (finales de marzo) hasta el endurecimiento de la cáscara (mediados de mayo). Tratamientos con oleato potásico y aceite de Neem a partir de marzo ayudan a controlar esta plaga.

Enfermedades

En años lluviosos, se aplicarán con carácter preventivo contra diversos hongos tratamientos foliares a base de cobre. Se aconseja tratar, especialmente, en la fase de hinchamiento de yemas, tras la recolección y con el 50% de la hoja caída.

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