TIPOS DE PODAS DE ÁRBOLES FRUTALES

Tipos de podas de árboles frutales:

Poda de frutales. Tipos
Podemos definir la poda como la operación consistente en eliminar mediante cortes ciertas partes de la copa del frutal con distintos propósitos: darle forma, extirparle madera muerta, mejorar o conservar su salud o regular la cantidad y calidad de flores y frutos.
Según sus objetivos, pues, las podas se pueden clasificar del siguiente modo:

  • Formación: con ella se pretende dar forma al frutal o preservar la ya obtenida.
  • Fructificación: se recurre a ella para influir en la producción.
  • Renovación: aquella con la que se eliminan partes envejecidas, al tiempo que se estimula la formación de nuevas.
  • Limpieza: la dirigida a eliminar formaciones indeseables: rebrotes, ramas enfermas o dañadas, ramas mal situadas u orientadas.

Pese a que la poda de formación es más frecuente en frutales jóvenes, la de fructificación en frutales maduros y la de renovación en frutales viejos, las tres pueden coexistir en un mismo frutal, independientemente de la edad de éste.
Según el tipo de corte, podemos distinguir:

  • Poda de despunte: se elimina parte de un ramo determinado. Si no se mantienen más de 5 yemas, la poda se llama “en pulgares”. Por el contrario, si se mantienen más de 5 yemas, se habla de poda “en varas”.
  • Poda de aclareo: se eliminan ramos enteros al cortarlos por su punto de inserción.

No conviene decantarse exclusivamente por una de ellas y se aconseja tratar de combinarlas. Ya que tanto una como otra comportan sus inconvenientes. Así la poda de despunte puede llegar a ser muy desestabilizante si se ejecuta con severidad y se extirpan muchos meristemos, con lo que se alteraría la síntesis de giberelinas. En cambio, la poda de aclareo, pese a no influir tanto en el equilibrio hormonal, fomenta la elongación de las ramas del frutal y, por tanto, acarrea el adelanto de las podas de renovación.
También se pueden clasificar las podas atendiendo a su época de realización:

  • Poda en seco o de invierno (durante el reposo vegetativo). Se pueden distinguir, a su vez, tres tipos:

– Temprana: la ejecutada entre la caída de hojas y el inicio del invierno (desde noviembre hasta mitad de diciembre).
– De invierno propiamente dicha: se lleva a cabo en pleno reposo invernal (finales de diciembre y enero).
– Tardía: se realiza durante el periodo comprendido entre finales de enero y principios de marzo (justo antes del desborre).

  • Poda en verde. Se habla, asimismo, de tres tipos:

– Primavera: coincidiendo con el crecimiento primaveral (de marzo a junio).
– Verano: con la parada estival (de julio a agosto).
– Otoño: la poda en verde por antonomasia (de septiembre a octubre).

A la hora de decantarse por una u otra época de poda, partiendo de las características específicas de cada variedad de frutal, habrá que considerar ciertas circunstancias. Por ejemplo, la poda en seco debilita menos al frutal que la poda en verde, pues ésta, además de eliminar reservas acumuladas en la madera, mengua su capacidad fotosintética. Otro aspecto relevante es el concerniente a la herida producida por el corte y a su consiguiente cicatrización. Sabido es que con el frío la cicatrización se ralentiza notoriamente. Y, por otro lado, todo corte deja expuesto a la intemperie tejido que antes no lo estaba, lo que siempre aumenta el riesgo de deterioro de la madera. Aparte que humedades altas y lluvias frecuentes facilitan el desarrollo de hongos patógenos.

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