Los pulgones o áfidos son insectos con una gran capacidad reproductora y, por tanto, colonizadora, cuando les son propicias las condiciones, lo que suele ocurrir a partir de la primavera y mientras en la planta hospedadora haya flujo de savia elaborada.

Los pulgones muestran diferentes formas dentro de la misma especie (polimorfismo intraespecífico), de modo que se pueden encontrar individuos alados e individuos ápteros en una misma colonia.

También se caracterizan por presentar distintos tipos de ciclo biológico, según su mayor propensión a reproducirse de manera partenogenética (sin intervención de los machos) y vivípara o, por el contrario, a hacerlo de forma sexual y ovípara.

También se pueden distinguir por completar su ciclo vital (fase sexual y fase asexual) sobre una misma planta (especies monoicas) o cambiar de hospedador para completarlo (especies diocas).

Los pulgones están dotados del aparato bucal picador-chupador típico de los homópteros: en este caso, poseen un rostro alargado que enfunda cuatro estiletes capaces de sortear las células epidérmicas de la planta, mediante un movimiento alterno y cambiante de dirección, hasta alcanzar el floema, de donde succionan gran cantidad de savia y de la que apenas retienen los aminoácidos, nutrientes esenciales para su desarrollo. El exceso de agua y azúcares lo eliminan copiosamente a través del ano (situado en la cauda) en forma de melaza.

Otro rasgo que caracteriza a los áfidos en general y sirve para su clasificación taxonómica son los llamados sifones, par de tubos excretores de sustancias de naturaleza cérea ubicados en la parte terminal del abdomen.

Estas son algunas de las especies de pulgones consideradas plagas para nuestros cultivos:

Acythrosiphon pisum                            Pulgón verde del guisante

Apis fabae                                           Pulgón negro de las habas

Aphis gossypii                                     Pulgón del algodón

Aphis pomi                                          Pulgón verde del manzano

Aphis spiraecola                                   Pulgón verde los cítricos

Brachycaudus helichrysi                       Pulgón verde del ciruelo

Brachycaudus persicae                         Pulgón negro del melocotonero

Brevicoryne brassicae                           Pulgón harinoso de la col

Cerosipha forbesi                                  Pulgón verde de la fresa

Daktulosphaira vitifoliae                         Filoxera de la vida

Dysaphis plantaginea                            Pulgón ceniciento del manzano

Dysaphis pyri                                       Pulgón ceniciento del peral

Eriosoma lanigerum                              Pulgón lanígero del manzano

Hyalopterus pruni                                  Pulgón harinoso del ciruelo

Macrosiphum euphorbiae                       Pulgón verde de la patata

Metopolophium dirhodum                       Pulgón de los cereales

Myzus cerasi                                        Pulgón negro del cerezo

Myzus persicae                                    Pulgón verde del melocotonero

Nasonovia ribisnigri                               Pulgón rosado o rojo de la lechuga

Rhopalosiphum padi                              Pulgón verde oscuro de las gramíneas

Sitobium avenae                                   Pulgón verde de la avena

Toxoptera aurantii                                 Pulgón negro de los cítricos

Cómo evitar que nuestras plantas sean atacadas por el pulgón

Para prevenir el ataque de la plaga, se considera determinante una nutrición equilibrada del cultivo. En concreto, aportes excesivos de nitrógeno inorgánico resultan contraproducentes, pues generan un incremento de los niveles de nitrógeno soluble en los tejidos jóvenes, con lo que se convierten en una despensa de alimento y, por tanto, en un reclamo para los pulgones.

Se recomienda, asimismo, la prospección de las parcelas con una frecuencia semanal en los periodos de máximo riesgo, puesto que las intervenciones contra esta plaga resultan mucho más eficaces al inicio de la colonización del cultivo, que suele ser heterogénea y por focos.

El empleo de trampas de agua amarillas es otro método fiable para determinar la presencia de pulgones en la parcela y establecer un umbral de tratamiento.

Combatir una plaga cuando ya está en nuestras plantas

Los daños infligidos por los pulgones a los cultivos son de índole variada:

  • Daños directos como consecuencia de su alimentación. Es decir, picaduras que debilitan a la planta. Además, inyectan toxinas que producen deformaciones en las hojas y chancros en brotes, ramas y raíces.
  • Expulsión de melaza que recubre la planta, atrae a las hormigas y propicia el desarrollo de hongos oportunistas del tipo de las fumaginas (negrillas), lo que dificulta los procesos fisiológicos de la planta y deprecia el valor comercial de frutos y hortalizas.
  • Presencia de pulgones, tanto alados como ápteros, en frutos y hortalizas que las devalúan comercialmente.
  • Transmisión de virus.

Los pulgones, por su gran movilidad (individuos alados o transportados por hormigas) y capacidad reproductiva, constituyen una plaga difícil de combatir y eliminar. Para lograr resultados satisfactorios en su control, se aconseja verificar el buen estado de los equipos de tratamiento y añadir al caldo un buen tensoactivo que optimice el mojado del cultivo.

Para no malograr el potencial de los productos empleados en los tratamientos vía foliar, no se deben realizar las aplicaciones con viento. Un viento de 4 m/s (15 km/h) provoca una deriva de unos 5 metros. Tampoco se debe tratar en las horas centrales del día, ya que la acción del sol degrada a la mayor parte de los productos. En cambio, la humedad ambiental y el estado turgente de la planta favorecen la absorción.

Recuérdese que con temperaturas superiores a 25 ºC se pueden producir fitotoxicidades y evaporación de las sustancias activas.

Force-Contact Oleatbio, una solución para combatir el pulgón

Force-Contact Oleatbio es un producto ecológico que actúa por contacto, disuelve la cutícula del insecto y reduce la incidencia de los ataques de plagas que se protegen con algún tipo de cubierta cérea. Además, ejerce una acción limpiadora y de arrastre sobre la melaza secretada por insectos chupadores en las partes verdes del cultivo, como ocurre con los pulgones.

Su efecto se funda en la acción disolvente que ejerce sobre el exoesqueleto de los insectos, que acaba por deshidratarlos y alterarles su capacidad respiratoria.

Force-Contact Oleatbio no actúa por ingestión, a diferencia de la mayoría de las materias activas del mercado. Su modo de acción impide que las plagas desarrollen resistencias, al contrario de lo que también suele ocurrir con los insecticidas convencionales.

No presenta plazo de seguridad, por lo que no obliga a aplazar la entrada en la parcela tratada o demorar la recolección.

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