DAÑOS POR HELADAS EN FRUTALES

Heladas invernales: daños en frutales

El grado de resistencia a las bajas temperaturas invernales que muestra cada especie y variedad está supeditado a factores nutricionales, fisiológicos y ambientales. Pero, sobre todo, se trata de una característica genética, que se expresa mediante un proceso de adaptación progresivo al frío, la lignificación, que comprende dos fases:

  1. Maduración de la madera: con el descenso paulatino de las temperaturas y la reducción del fotoperiodo, circunstancias propias de principios de otoño, se opera en el frutal una serie de transformaciones:
  • Acumulación de hidratos de carbono.
  • Ralentización de la actividad meristemática.
  • Fortalecimiento de las membranas celulares.
  • Disminución de los niveles de agua en las células: aumento, por tanto, de la presión osmótica.
  1. Endurecimiento de la madera: con la entrada del invierno aún siguen operándose cambios en el frutal:
  • La presión osmótica continúa aumentando gradualmente.
  • Se reduce ostensiblemente el volumen vacuolar.
  • Se incrementa la permeabilidad de las membranas.

Lo cierto es que al terminar esta fase y, coincidiendo con el reposo invernal, el frutal ha completado su proceso anual de lignificación y, consecuentemente, ha alcanzado su nivel máximo de resistencia específica al frío.

Las heladas invernales pueden llegar a perjudicar a distintas partes del frutal. Dependiendo el nivel de daños de su intensidad y su duración.

En principio, el sistema radicular es la parte más sensible al frío. Para que se produzca el máximo daño, necrosis vascular interna, es necesario que la temperatura del suelo, a una profundidad de medio metro, descienda a -15 ºC durante, al menos, un periodo de seis a doce horas. Condiciones más bien insólitas en España. Sobre todo, en el litoral mediterráneo. De todos modos, conviene aplazar hasta marzo toda plantación de frutales. Pues las labores de preparación dejarían el terreno mullido y facilitarían el enfriamiento de las raíces. Pese a que los daños en las raíces implican menoscabos en la parte aérea, estos no se evidencian hasta la brotación en primavera.

Otra parte del frutal vulnerable a las heladas invernales son las yemas florales. Temperaturas por debajo de los cero grados las castran y necrosan. Circunstancia que resulta limitante para el cultivo de algunas especies de frutales en zonas no excesivamente frías, pero sí expuestas en determinados momentos del invierno a soportar temperaturas inofensivas para las raíces y, sin embargo, nefastas para las yemas.

Ramos y ramas son elementos, por lo general, suficientemente resistentes. No obstante, el frío puede afectarles cuando los sorprende antes de que se hayan endurecido. Es entonces, sin haber habido ocasión de completar la lignificación y fluyendo aún la savia, cuando aparecen daños en la corteza y en los puntos de inserción de las ramas. En este caso, se aprecian lesiones en la zona del cambium, que suelen ser extensas si el descenso ha sido brusco, y siempre resultan de difícil cicatrización, por lo que pueden acabar convirtiéndose en foco de infecciones.

Si la helada, en cambio, acaece estando el frutal ya en pleno reposo y superando su resistencia máxima al frío, además de ocasionarle necrosis en el leño más interno, puede fracturar el tronco y comprometer su función como soporte. En este caso, la parte más perjudicada acostumbra a ser el cuello.

Por lo general, si las secuelas de las heladas invernales se localizan en yemas o ramos del año, basta con una poda apropiada y una fertilización equilibrada para recuperar el frutal. Sin embargo, los daños estructurales en madera son de pronóstico reservado y comportan tratamiento quirúrgico. En todo caso, se aconseja esperar a que los daños se manifiesten en toda su gravedad, para sanear y desinfectar las partes afectadas.

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