Un enraizante ecológico actúa sobre dos procesos distintos que suelen confundirse: la formación de raíces nuevas en un esqueje sin sistema radicular propio y el refuerzo del sistema radicular ya existente de una planta de semillero en el momento del trasplante. En ambos casos el elemento clave es el fósforo asimilable, que interviene de forma directa en la formación de las raíces jóvenes, junto con aminoácidos libres que aportan a la planta una fuente de nitrógeno de asimilación inmediata en un momento en que su propia capacidad de síntesis todavía es limitada.
Cómo estimula la formación de raíces
El fósforo asimilable es determinante en la división celular de los tejidos meristemáticos de la raíz, la zona de crecimiento activo donde se forman las raíces nuevas, por lo que un aporte concentrado de fósforo en el momento de la implantación acelera la aparición de la primera raíz en un esqueje sin sistema radicular. Sobre una planta que ya tiene raíz, el mismo aporte actúa de forma distinta: estimula la formación de raíces secundarias y aumenta el número de pelos absorbentes, las estructuras finas responsables de captar agua y nutrientes del suelo, lo que se traduce en una regeneración más rápida de la capacidad de absorción tras el estrés del trasplante.
Cuándo se aplica: semillero, esqueje y trasplante
En semillero, el enraizante se aplica desde la fase de implantación, cuando la plántula desarrolla su primer sistema radicular, para favorecer un arraigue más rápido y homogéneo antes de que salga al terreno definitivo. En esqueje, la aplicación se concentra en el periodo inicial de enraizamiento, cuando el fragmento de planta todavía no tiene raíz propia y depende por completo de las reservas de la parte aérea, de modo que el aporte de fósforo y aminoácidos en ese momento acorta el tiempo en que el esqueje queda sin capacidad de absorción. En trasplante, el enraizante se aplica justo antes o inmediatamente después de mover la planta de un contenedor o semillero al terreno definitivo, fase en la que buena parte del sistema radicular fino se pierde por la manipulación y necesita regenerarse cuanto antes para que la planta no sufra una parada de crecimiento prolongada.
Composición y dosis
Forcex Eco, con un 9,3% de anhídrido fosfórico soluble en agua, un 2,32% de aminoácidos libres y un 2,55% de nitrógeno total, se aplica por fertirrigación radicular en las fases de implantación y desarrollo de raíz. La dosis varía según el tipo de cultivo: en hortícolas, de 3 a 5 litros por hectárea; en cítricos y frutales, de 2 a 4 litros por hectárea; en olivo, de 2 a 4 litros por hectárea; y en vid de mesa y vinífera, de 3 a 4 litros por hectárea. El producto está certificado para agricultura ecológica bajo los reglamentos europeos 2018/848 y 2021/1165.
Qué comprobar tras la aplicación
La respuesta a un enraizante se comprueba por la velocidad de arraigue: en esqueje, la aparición de raíces visibles en un plazo más corto que sin tratamiento; en semillero y trasplante, la ausencia de parada de crecimiento tras el cambio de contenedor y una recuperación más rápida del aspecto turgente de la planta. Si tras la aplicación la planta sigue mostrando signos de estrés prolongado, conviene revisar también las condiciones de humedad y temperatura del semillero, porque el enraizante favorece la formación de raíz pero no sustituye unas condiciones de cultivo adecuadas para que esa raíz se desarrolle.
Puedes revisar la ficha de Forcex Eco para ajustar la dosis a tu cultivo, o consultar el plan de abonado por cultivo para integrar el enraizante en el programa de fertilización desde el semillero.
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