El olivo reparte su demanda nutricional de forma muy desigual a lo largo del año, con dos picos claros: la brotación y la floración en primavera, que exigen nitrógeno y aminoácidos para sostener el crecimiento vegetativo y la fertilidad de la flor, y el engorde de la aceituna en verano y otoño, que desplaza la prioridad hacia el potasio. Entre medias, el cuajado es el momento de mayor sensibilidad al estrés, y la post-recolección es cuando el árbol repone las reservas que ha consumido durante la campaña. Un calendario de abonado del olivo bien planteado no reparte los nutrientes a partes iguales durante el año, sino que los concentra en la fase que los necesita.
Brotación: sostener el crecimiento vegetativo
El objetivo de esta fase es sostener la emisión de nuevos brotes tras el reposo invernal, un proceso que consume una parte importante de las reservas de nitrógeno del árbol. Aportamos la base nutricional con nuestro abono orgánico NPK 6-7-10 con 50% de materia orgánica, que declara un 6% de nitrógeno total (5% orgánico y 1% amoniacal), un 7% de fósforo, un 10% de potasio y un 10% de extracto húmico, en formato granulado o microgránulo para incorporación al suelo antes del arranque vegetativo. Si la brotación llega después de un invierno con heladas o con un periodo de estrés hídrico marcado, reforzamos el arranque con Force Amin Eco por vía foliar, a razón de 200 a 300 cc por 100 litros, porque el aporte externo de aminoácidos ayuda a la planta a reanudar antes su actividad metabólica sin depender solo de sus reservas propias.
Floración: favorecer la fertilidad de la flor
El objetivo en floración es que cuaje el mayor número posible de flores, y aquí el aminoácido vuelve a tener un papel relevante porque interviene en la elongación del tubo polínico, un proceso directamente implicado en la polinización. Mantenemos el aporte de Force Amin Eco por vía foliar en la misma dosis de 200 a 300 cc por 100 litros, dado que la floración abundante es uno de los momentos críticos que este producto está formulado para acompañar. Es también la fase en la que conviene haber completado ya el aporte de fósforo de la base granulada aplicada en brotación, porque el fósforo influye en la formación de flores y su disponibilidad no es inmediata tras la aplicación al suelo.
Cuajado: reducir la caída de fruto por estrés
El cuajado es el momento de mayor sensibilidad del olivo al estrés térmico o hídrico, y una parte relevante de la caída de fruto en esta fase está asociada a esos episodios. Continuamos con la aplicación de aminoácidos, por vía radicular en este caso, a razón de 15 a 25 litros por hectárea en 2 o 3 aplicaciones, para sostener a la planta durante el periodo en el que su capacidad de respuesta metabólica frente al estrés es más limitada. El objetivo no es forzar un mayor cuajado del que la propia carga del árbol permite, sino evitar que un episodio puntual de estrés agrave una caída de fruto que ya es parte normal del ciclo. Conviene distinguir esta caída fisiológica normal, que responde a la propia regulación de carga del árbol, de una caída agravada por estrés, que es la que un aporte de aminoácidos bien programado puede atenuar; un calendario de abonado no sustituye la necesidad de revisar el estado hídrico del olivar en las semanas previas al cuajado.
Engorde de la aceituna: priorizar el potasio
Desde que el fruto empieza a engordar hasta la maduración, el potasio pasa a ser el nutriente crítico porque interviene en el transporte de fotoasimilados hacia el fruto. Aportamos Force K Up, un abono a base de extractos de algas y micronutrientes que actúa sobre los procesos hormonales de crecimiento del fruto y sobre el reparto de azúcares y nitrógeno hacia los sistemas enzimáticos implicados en su llenado, a razón de 300 a 500 cc por hectolitro en aplicación foliar o de 12 a 25 litros por hectárea en fertirrigación. Es la aplicación de mayor peso del calendario en cuanto a volumen, porque coincide con la fase de mayor acumulación de biomasa en el fruto. El efecto buscado no se limita al tamaño del fruto: el aporte de potasio en esta fase también afecta a la consistencia, la turgencia y la homogeneidad del calibre dentro de la misma partida, tres parámetros que condicionan la clasificación de la aceituna en la almazara.
Post-recolección: reponer las reservas del árbol
Tras la recolección, el olivo ha consumido una parte importante de sus reservas de carbohidratos y nutrientes, y esta fase es el momento agronómico habitual para reponerlas antes de que empiece el reposo invernal. Es también el momento en el que conviene planificar la incorporación al suelo del abono orgánico granulado que sostendrá la brotación siguiente, ya que su ritmo de liberación lento hace que rinda más cuanto antes se aplique respecto al momento en que se necesita.
Ajustes por tipo de suelo y marco de plantación
En suelos arcillosos, con menor capacidad de drenaje, conviene fraccionar más las aplicaciones líquidas para evitar encharcamientos puntuales que limiten la absorción radicular. En suelos arenosos, donde la lixiviación de nutrientes es mayor, el fraccionamiento cumple la función contraria: reducir la pérdida de nutrientes entre aplicaciones. En olivares en seto o de alta densidad, con mayor número de árboles por hectárea y un sistema radicular más superficial, las dosis por hectárea de este calendario deben recalcularse en función de la densidad real de plantación y no aplicarse sin ajuste sobre marcos tradicionales.
El agua de riego también condiciona el calendario. En zonas con agua de riego salina, la competencia entre el sodio y el potasio por los mismos puntos de absorción radicular reduce la eficacia del aporte potásico en el engorde, así que en esas condiciones conviene fraccionar más las aplicaciones de Force K Up y vigilar la respuesta del cultivo en lugar de mantener una dosis fija de campaña en campaña. En olivares de secano, sin capacidad de fertirrigación, el calendario se apoya sobre todo en el abono granulado de base y en aplicaciones foliares en los momentos críticos (brotación, floración y cuajado), ya que la vía radicular líquida no está disponible fuera de los periodos de lluvia.
Errores de calendario más frecuentes
El error más común es concentrar todo el aporte de potasio en primavera, cuando el nutriente crítico de esa fase es el nitrógeno, y llegar al engorde de la aceituna sin haber planificado el potasio con antelación suficiente. El segundo es aplicar el abono granulado de base demasiado tarde, ya cerca de la floración, sin dar tiempo a que el fósforo de liberación lenta esté disponible cuando el árbol lo necesita. El tercero es suspender el aporte de aminoácidos en cuanto pasa la floración, cuando el cuajado es precisamente la fase de mayor sensibilidad al estrés y sigue beneficiándose del mismo refuerzo.
Puedes consultar el plan de abonado del olivo completo, con las dosis ajustadas a tu marco de plantación y tipo de suelo, o escribir a nuestro equipo técnico si tu explotación tiene una situación concreta que este calendario no cubre.

